El Museo Atlántico ultima su proyecto para la recuperación de los sebadales

La bióloga Pilar García explicaba a los profesionales de los centros de buceo de la Isla el proceso para repoblar estas praderas marinas.

El museo submarino lanzaroteño anuncia sus proyectos para la recuperación de sebadales en la zona sur insular, al que sumará la creación de un observatorio costero.

Pocos meses después del primer aniversario de su puesta en marcha, la dirección del Museo Atlántico de Lanzarote ha esbozado estos dos nuevos proyectos de marcado carácter científico para los que esta entidad -dependiente de la Sociedad de Promoción Exterior de Lanzarote (SPEL)- cuenta con la colaboración de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), con la que ha suscrito sendos convenios.

El consejero delegado de la SPEL, José Juan Lorenzo, ha explicado que las iniciativas de recuperar sebadales en la zona sur insular, donde su emplaza el Museo; o la intención de crear allí un observatorio costero que maneje información actualizada del medio natural, “son dos proyectos que se amoldan bien a lo que los Centros Turísticos de Lanzarote siempre han pretendido, esto es, enamorar a los visitantes. Con estos dos proyectos buscamos su implicación y revertir en la sociedad -con estas apuestas científicas- los beneficios de la actividad turística”.

Detallaba el consejero delegado este lunes, día 11 de junio, que para recuperar algunos de los sebadales del fondo marino lanzaroteño, ya han elaborado los cultivos que serán instalados durante las próximas semanas en el interior del museo submarino, para que sean visibles también para los visitantes:

El objetivo es también hacer partícipes a los buceadores del proceso de conservación que el Museo realiza, algo para lo que, en este caso, ya contamos con autorización del Ministerio de Medio Ambiente desde hace unas semanas”, explicaba Lorenzo ante los operadores y responsables de los centros de buceo de la Isla que acudían al encuentro para conocer de primera mano las intervenciones y estrategias futuras del Museo Atlántico.

La bióloga Pilar García Jiménez, profesora titular de la ULPGC y experta en fisiología vegetal, era la encargada de desgranar ante los profesionales que operan en el Museo Atlántico el proceso técnico que han seguido para reproducir inicialmente in vitro las semillas de las algas. Una vez ya desarrolladas, serán instaladas próximamente en varias cazuelas en el lecho marino, donde deberán aclimatarse y proliferar en medio del museo submarino.

Con más detalle, el programa de acciones de este proyecto transversal en el que participan los Centros, la consultora Dracaena y la Facultad de Ciencias del Mar de la Universidad de Las Palmas se está realizando en tres fases.

En la primera, ya ejecutada, se identificó los ejemplares donantes y se extrajeron un máximo de 75 esquejes que contienen las estructuras que mejor garantizan el crecimiento de las plantas. En una segunda, que se está culminando, se trasladó estos esquejes a un laboratorio para su tratamiento, desarrollo y aclimatación. Y en la última se trasplantarán 35 rizomas en el Museo Atlántico en un sustrato arenoso, a entre 10 y 15 metros de profundidad.

Los operadores del Museo Atlántico conocían esta semana el perfil científicos de los próximos trabajos.

El proyecto se hará extensivo, además, a una segunda zona ya que se prevé trasplantar otros 40 rizomas en la zona del sebadal de Punta Papagayo, tal y como recogió expresamente la Autorización del Ministerio de Medio Ambiente para la recolección de fragmentos vegetativos de seba en Playa Blanca, su mantenimiento y cultivo en laboratorio y su posterior trasplante en dos localidades del LIC ESZZ15002 espacio marino del oriente y sur de Lanzarote-Fuerteventura, con fines de investigación.

En esta ocasión, son los guías y los propios centros de buceo quienes están prestando su colaboración en el proceso de observación, captación y trasplante de los esquejes.

La Cymodocea Nodosa, que se agrupa en praderas conocidas en Canarias como sebadales, es fundamental para la vida en el océano ya que es refugio para las larvas de distintas especies pelágicas. Estos sebadales amortiguan los efectos del oleaje y las corrientes, lo que evita la erosión y desaparición de las playas; mejoran la calidad y la transparencia del agua; producen oxígeno a través de la fotosíntesis y fijan carbono en sus tejidos para contrarrestar, de algún modo, el CO2 atmosférico. Amenazadas por la acción del hombre, la recuperación de las antiguas praderas de fanerógamas aportará beneficios ecológicos, sociales y estéticos a la zona.

También la bióloga Pilar García ha demandado de los centros de buceo la necesidad de mantener un perfil concienciador sobre los efectos positivos del mantenimiento de los sebadales en los mares canarios, y de los parabienes de este tipo de plantaciones.

Un observatorio costero para la conservación

En cuanto al proyecto de sensorización del medio marino, esto es, la puesta en marcha de un observatorio costero, puntualizaba José Juan Lorenzo que ya estaba suscrito también con la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria el convenio “para diseñar los pliegos que nos ayuden a sacar a licitación esta aspiración; y para ello buscaremos también los fondos en I+D+I que existen. Y cómo no, fijaremos la mirada en la abundante oferta de tecnología oceanográfica que tenemos en Canarias, y con la que podemos colaborar en nuestro compromiso no sólo con el turismo, el arte o la sostenibilidad, sino también con la ciencia”.

La profesora María Dolores Gelado Caballero, experta en Física y Química en la ULPGC, explica que “los observatorios marinos no sólo se circunscriben a los océanos; son muchos los destinos turísticos mundiales que han promovido la creación de observatorios costeros para conocer la salud ambiental y que, en este caso, también serviría para promocionar la actividad cultural y artística del Museo Atlántico de Lanzarote”, comentaba la profesora durante la presentación.

Es evidente que el cambio climático ha propiciado la multiplicación de sistemas y puntos de medición de los fenómenos y valores ambientales, algo que, por otro lado, también ha abaratado la adquisición de equipos de sensorización.

A grandes rasgos, el observatorio en el que trabaja el Museo Atlántico persigue la creación de un centro de medición cuyos datos -meteorológicos, de calidad del agua, temperaturas corrientes, etc- sean fácilmente compartidos y utilizados por una gran comunidad de usuarios. Y para ello también está prevista la colocación de una cámara que emitirá en “streeming” las imágenes de la vida natural que se pasea entre las misteriosas figuras que conforman este peculiar museo submarino lanzaroteño.